Yoga, Mente y Consciencia

Tanto en el Hatha Yoga como en el Raya Yoga existen varios niveles de consciencia a través de los cuales experimentamos las distintas prácticas que realizamos.

Por ejemplo, una persona que lleve un cierto tiempo practicando Hatha conocerá las directrices técnicas de unas cuantas posturas y las ejecutará de forma correcta.

Si se inclina por la rama del Raya Yoga conocerá diferentes posiciones de meditación y habrá logrado cierta quietud y tranquilidad corporal.

Podríamos decir, que ha desarrollado una determinada “consciencia corporal”, es decir, se da más cuenta de su cuerpo y es capaz de sentir lo que sucede en sus músculos y articulaciones. Reconoce las relaciones entre diferentes partes del cuerpo como la pelvis y el tórax, las muñecas y los hombros, éstos y las orejas, así mismo es más consciente de su columna vertebral.

Si se continúa profundizando aparecerá una forma de sentir más sutil, una manera distinta de darnos más cuenta de lo que sucede en nuestro interior. Esta sensibilidad ocurre, cuando vamos tomando consciencia de nuestra parte física más etérea: la respiración.

Cuando la permitimos fluir libre y espontáneamente, cuando solamente la observamos sin ejercer ningún control, ninguna restricción; es entonces que se genera, definitivamente, una experiencia muy distinta a la descrita en el apartado anterior.

La mente se enfoca de forma natural, se calma, se refresca y al mismo tiempo aumenta la sensibilidad hacia el cuerpo físico. En este estado la mente ya no está centrada en la colocación correcta de las diferentes partes del cuerpo, sino que se enfoca en la experiencia respiratoria, y lo demás gira en torno a ella.

Por supuesto que no se desatiende la esfera corporal, pero un gran porcentaje de la mente está atendiendo a la percepción del fenómeno respiratorio.

Podríamos decir que es un estado de “consciencia de la respiración” o, como a mí me gusta más llamarlo, de “liberación de la respiración”.

A medida que está consciencia se asienta y estabiliza en nosotros, aflora lo que podríamos denominar “consciencia espiritual”.

Esta a mi entender se experimenta cuando desaparece todo esfuerzo, toda lucha y todo objetivo. Ya no necesitas ejecutar una asana de una determinada manera, ya no necesitas hacer “no sé cuántas” rondas de pranayama, y lo mejor de todo: ya no necesitas la calma ni la paz mental. No necesitas alcanzar ningún estado de consciencia especial, ni siquiera este que estamos describiendo.

La Presencia te ha invadido, o, mejor dicho, tú lo has permitido. De modo que no hay nada que conseguir porque en este momento, en el presente, lo tienes Todo, … no falta nada y no sobra nada…

La ambición, que afloraba a menudo en los primeros estadíos de la práctica, … simplemente se esfumó. La lucha o el forcejeo con el propio cuerpo… se desvaneció. El juicio a nosotros mismos, la comparación con los demás, las valoraciones propias o ajenas se tornaron un juego de niños. La búsqueda, incluso persecución a veces, de relajación y paz mental perdió todo sentido.

Todo esto no sucedió porque se encontrasen soluciones a todas estas cuestiones o problemáticas, de hecho, nunca se solucionaron, lo que ocurrió fue que sencillamente desaparecieron, se evaporaron.

Imbuido en la sensibilidad espiritual simplemente eres consciente de lo que sientes, lo asumes y lo integras independientemente de lo que estés experimentando. De modo que puedes sentir envidia o frustración al acometer un asana pero eso no supondrá ningún problema porque te abrirás a eso que sientes en ese momento y lo harás tuyo, lo observarás, lo permitirás y darás gracias por haber visto ese tu rincón, que todavía cree que alguien puede ser mejor o peor que otro.

Si sucede un dolor en el cuerpo no será algo contra lo que luchar o algo que eliminar rápidamente de mi experiencia, no lo evitaremos, sino que será algo que sentir plenamente permitiendo que se exprese sin restricciones en nuestra conciencia.

¿Dónde quedan entonces los conceptos de “controlar la respiración” o “dominar una postura”? ¿realmente genera paz eso de “controlar la mente y las emociones”?

Finalmente, la práctica de Yoga se convierte en un explorar y sentir, no hay postura que “no se pueda”. Todo se puede explorar sintiendo lo que sentimos en cada momento y permitir que eso nos lleve al centro de nuestro corazón.

No existen, según este razonamiento, personas malas ni experiencias malas porque forman parte de nuestra consciencia y nos llevan a sentir algo sumamente útil: nosotros mismos.

David García Ávila

 

¿Quieres compartirlo?Share on Facebook0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *